Dos Reyes

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Vemos a Cristo humilde, a los pies de Sus apóstoles. El es nuestro maestro, nuestro Señor, nuestro rey. Entonces, hay que contrastarle al otro rey en aquel entonces, César, el emperador romano.

César reinó sobre el mundo con una magnificiencia como la de un dios. Conquistó a los enemigos y distribuyó sus pertenencias. César tuvo poder–el poder de obligar con armas y castigos atroces. También tuvo belleza física–en la forma de ropa extravagante y obras de arte y arquitectura. Y tuvo placeres–banquetes de la mesa y todos los placeres sensuales.

César ofreció a la gente un constante desfile de entretenimiento en los circos. Ofreció comodidad, placer para los ojos, un estómago lleno, una mente que no se preocupa de dudas misteriosas. Teniendo a César como rey significaba una vida sencilla y testaruda—vida de sumisión, subsistencia, diversión, y de sueño. Con César de rey, siempre hay algo en la tele y una botana que comer. Y no tengo que preocuparme por el significado de la vida.

Por otra parte: Cristo, el Rey humilde. No promete ni un poder terrenal, ni placeres sensuales, ni tranquilidad, ni la euforia brumosa del constante entretenimiento. De veras nos promete en vez una vida dificil— de largas vigilias con los cinturones apretados, siempre lavando los pies de los demás. El nos ofrece una vida de batallas incesantes en contra de nuestras propias inclinaciones malas—y ser malentendidos, poco apreciados, castigados por hacer bien, y odiados por amar la verdad.

Caesar AugustusCristo Rey nos ofrece a Sus seguidores esta vida difícil—difícil y hermosa, y llena de amor verdadero.

Viendo Jesús humilde, a los pies de sus apóstoles, entendemos que no podemos servir a Dios y a la codicia. No podemos vivir por las satisfacciones de este mundo. Este mundo no nos puede ofrecer un hogar verdadero. Solo estamos de pasada. Tenemos nuestra ciudadanía en otro lugar, donde reina el Rey humilde.

Cristo nos da los ojos espirituales para ver más allá de las nubes del cielo. El Reino que deseamos nos espera; Cristo se ha llevado su trono allá. Ahí no hay cobertura celular. No se lo necesita. Todo es bello y verdadero; todo es luz y amor, donde reina Jesús.

Yo exijo todo, dice el Rey humilde. Abandona tus compromisos con una vida mundana. Hínchase, y vive para algo más.

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